El mercado de fusiones y adquisiciones (M&A) de Latinoamérica cerró 2025 con una clara tendencia: la selectividad. Si bien el número total de operaciones registró un ligero descenso, el valor agregado de las mismas aumentó significativamente, lo que confirma un cambio estructural en la forma en que los inversores estratégicos y financieros se acercan a la región.
Según el informe anual de TTR Data, en 2025 se registraron 3061 transacciones, con un valor agregado total de 120 000 millones de dólares. Esto representa un aumento interanual de casi el 19 % en valor, a pesar de que el volumen de transacciones se mantuvo prácticamente estable. Las cifras apuntan a un mercado activo, pero mucho más disciplinado, en el que la calidad de los activos y la estructuración de las transacciones se convirtieron en factores decisivos para el éxito de los cierres.
Del volumen a la calidad: un mercado en transición
Una de las conclusiones más claras de 2025 es la consolidación de un enfoque más cauteloso y analítico de las fusiones y adquisiciones. Las valoraciones se ajustaron a niveles más racionales y los procesos de due dilligence adquirieron un papel central. La finalización de las operaciones dependía cada vez más de la resistencia del flujo de caja, la solidez operativa y la capacidad de mitigar los riesgos contractuales, fiscales y normativos.
Este entorno influyó especialmente en el comportamiento de los inversores financieros, en particular los fondos de capital riesgo, que redujeron el número de transacciones y aumentaron el tamaño medio de las operaciones, participando solo cuando contaban con el respaldo de tesis de inversión bien definidas y defendibles.
Brasil y México lideran, cada uno a su manera
Brasil y México volvieron a emerger como los principales mercados de fusiones y adquisiciones de la región, aunque impulsados por dinámicas diferentes. En Brasil, la profundidad del mercado y la resistencia del mercado medio sostuvieron la actividad, con un fuerte enfoque en la consolidación del sector y la asignación precisa del riesgo en los documentos de las transacciones. Una diligencia debida bien ejecutada y unas estructuras SPA claras resultaron fundamentales para el éxito de las operaciones.
México, por el contrario, destacó por el peso de las transacciones a gran escala y su integración en las cadenas de valor de América del Norte. Las infraestructuras, la energía y los servicios estratégicos concentraron una parte significativa del valor de las transacciones, mientras que los inversores se mantuvieron cada vez más atentos a las condiciones macroeconómicas y los costes de financiación.
Perfiles divergentes: Argentina, Chile, Colombia y Perú
El informe también destaca contrastes notables en toda la región. Argentina se mantuvo activa, pero siguió teniendo una prima de riesgo elevada, con la energía como motor clave. El apetito de los inversores aumentó, aunque sigue condicionado a una mayor visibilidad de la estabilidad regulatoria, la dinámica del tipo de cambio y la capacidad de ejecución.
Chile se benefició de su tradicional fuerte previsibilidad institucional, lo que respaldó la actividad transaccional en 2025. Sin embargo, el inicio de un nuevo ciclo político en 2026 introduce elementos de recalibración que podrían influir en el calendario y las expectativas de las operaciones.
Colombia registró una actividad constante, con una presencia significativa de transacciones transfronterizas, aunque los inversores siguieron siendo sensibles al riesgo regulatorio y al ruido político. Perú consolidó su papel como mercado «impulsado por tesis» vinculado a los recursos naturales, la energía y las infraestructuras, aunque con una demanda creciente de estructuras sólidas de mitigación de riesgos.
Las transacciones transfronterizas siguen siendo un pilar fundamental
Las fusiones y adquisiciones transfronterizas siguieron desempeñando un papel central en el ecosistema regional. Estados Unidos, España, Reino Unido, Canadá y Francia siguieron siendo las principales fuentes de inversión extranjera. Al mismo tiempo, las empresas latinoamericanas también se expandieron en el extranjero, especialmente en Estados Unidos y Europa.
Esta dinámica refuerza la importancia de una planificación integral que integre consideraciones corporativas, fiscales, normativas y de cumplimiento, especialmente en transacciones multijurisdiccionales.
De cara a 2026: más diligencia, más estructura, más transferencia de riesgos
De cara al futuro, el informe prevé que en 2026 se exigirá una mayor certeza en la ejecución, marcos contractuales más sofisticados y un mayor uso de soluciones de transferencia de riesgos, como los seguros de declaraciones y garantías, los seguros fiscales y la cobertura de pasivos contingentes. En un contexto de persistentes diferencias de valoración y elevada volatilidad, estas herramientas se están volviendo esenciales para desbloquear negociaciones, acelerar cierres y mejorar las tasas de conversión de acuerdos.
En resumen, la actividad de fusiones y adquisiciones en América Latina no se ha ralentizado, sino que ha madurado. La región sigue ofreciendo oportunidades atractivas, siempre que los inversores y las empresas aborden las transacciones con una mentalidad estratégica y bien estructurada, alineada con las demandas cambiantes del mercado.
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