Pese a que estamos viviendo momentos complejos debido a la crisis sanitaria global provocada por el coronavirus, el cambio climático como amenaza al desarrollo de la humanidad sigue siendo un problema no resuelto y que más temprano que tarde las economías de los países deberán retomar.

En el caso de Chile, el gobierno dentro de su plan de reactivación económica tiene considerado un impulso importante para las energías renovables, las que permitirán además mitigar los efectos del cambio climático, que en el país se manifiestan con fuerza en la situación de sequía en que se encuentra gran parte del territorio.

Desde hace unos años, Chile se ha posicionado como una buena plaza para invertir en energías renovables. Así lo confirma el último informe de Atractivo del País de Energías Renovables (Recai) que sitúa al país en el puesto número 13, entre 40 naciones, donde el listado lo encabezan China y Estados Unidos.

“La implicancia de esta política pública de energías renovables no solo repercute en el sector energético, si no que tiene un efecto en toda la economía ya que a los fondos de inversión globales les interesa invertir en proyectos que estén en una matriz productiva que sea sustentable y tenga capacidad de mitigar los riesgos del cambio climático”, señala Javier Monje, director de Englobally Chile.

Un instrumento que ha cobrado importancia es el Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD), que se ha convertido en un importante referente a la hora de presentar informes que analizan la información financiera relacionada con las oportunidades y las amenazas asociadas al cambio climático. Este reporte fue establecido en 2015 por El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) y reconoce en el cambio climático un riego para la estabilidad de los sistemas económicos, sociales y geopolíticos en el mundo. El TCFD implantó un cambio de enfoque al pasar del impacto que tiene la empresa en el medioambiente, a cuál es el impacto del cambio climático en la organización.

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El potencial de Chile en Energías Renovables No Convencionales (ERNC)

El año 2008 se promulga la Ley 20257 que establece que las generadoras de energía convencional con una capacidad instalada superior a 200 MW deben acreditar que un 10% de esa energía proviene de ERNC o centrales hidroeléctricas. La normativa estipula un cargo de 0.4 Unidad Tributaria Mensual (UTM) por cada MWh de incumplimiento.

Esta medida repercutió en que las grandes generadoras de energía tuvieron que abastecerse de energía verde producida por plantas de energía renovables, estableciendo contratos a largo plazo e impulsó con fuerza el sector. La modificación de ley en el 2013 aumentó la meta al 20% para el año 2025 del aporte de energías renovables en el sistema eléctrico, objetivo que fue alcanzado el año pasado y que a junio de 2020 representa el 23,1% con 5.607 MW de un total de 24.304 MW. Ahora, el Estado chileno se ha propuesto, junto con otros 10 países de la Región, alcanzar para el 2030 que un 70% de la energía provenga de fuentes ERNC.

En paralelo y ligado a esta meta Chile tiene el objetivo de ser un país carbono neutral para el 2050. El plan de cierre de plantas de carbón -que actualmente representa un 40%- es un esfuerzo que va en ese sentido y se contempla que para que el 2040 estén cerradas las 28 centrales carboníferas.

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“Este marco regulatorio de Chile ha favorecido al interés de los inversionistas de apostar por Chile en relación con las ERNC. Además, el país tiene una inmejorable posición dada su geografía, con una zona norte con altísimos índices de radiación solar y otros lugares con aptos para la energía eólica y geotérmica. El potencial del país en este tipo de energía es, según las autoridades chilenas, hasta 70 veces lo que se consume actualmente. Lo que abre enormes perspectivas para los inversionistas”, explica Monje.

El auge de la ERNC en Chile se aprecia con la cantidad de proyectos en construcción, con una potencia total de 6.219 MW distribuidos en 71 centrales y con una inversión estimada de USD 11.316 millones. Los datos del ministerio de Energía a junio de 2020 indican que de estos 71, el principal aporte viene de proyectos de centrales solares (48%), con 3000 MW y centrales eólicas (28%) con 1722 MW.

Dentro de estas destaca Cerro Dominador, la primera planta termosolar de Concentración solar de Potencia (CSP) de América Latina, que funcionará con sales fundidas por captadores solares y que permitirá generar energía las 24 horas del día. Situada en la comuna de María Elena, Región de Antofagasta, con un importe aproximado de USD 1.400 millones y una capacidad de 220 MW, dividida en 100 MW generados por una planta fotovoltaica y 110 MW provistos por la planta CSP, por sí sola representa más del 12% de la inversión en ERNC en curso.

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Gráfico gentileza de Energía Estratégica www.energiaestrategica.com


Publicado el 08-2020 por Englobally Latinoamérica